biografía del autor

Tres micro relatos

Rosario Raro


1

 

El error


Sólo brillaba el acero de los cuchillos alineados sobre el mármol de la cocina del restaurante. Precisamente, la tarde que cometí el ERROR también salía de otro restaurante, exactamente de Le Cirque en Lexington Avenue, NY, en la otra parte del mundo. Entonces, dentro de mí, el venado flotaba en una balsa descomunal de Burdeos. Fuera, el sol y mi sopor borraron el camino hacia mi oficina. Tuve que recorrerlo en taxi. Una vez en mi cubículo, me acerqué a los ojos un sobre de color manila que destacaba entre la bruma de mi mesa. Venía de Edimburgo, nada menos, la ciudad que Walter Scott llamaba “La lejana Emperatriz del Norte”. Solté una carcajada estrepitosa. Y recordé a mi padre, quien dejó el oficio de editor por la taxidermia, más apasionante, sin duda, que mi labor: buscar perlas –escasísimas- entre las algas y el tarquín del mar de la mediocridad. 
      Sé que pasaré a la historia por el ERROR que cometí aquella tarde, pero no tengo remordimientos. Rowling, la autora, llegó a llamarme días después. Sentí pena una vez más ante el fracaso ajeno. Pero cuando iba a articular las palabras de siempre a modo de disculpa, me dijo que abandonara mi lectura porque los de  Bloomsbury  le acababan de pagar una millonada como anticipo. Me desmayé. 
      Desde entonces limpio pescado. Es agradable: primero arranco la cabeza, luego el baile del cuchillo, su pareja perfecta, el filo lo abre en dos pétalos y le saco las tripas y después la ducha bajo el grifo. Todos se han ido ya. Las escamas brillan como el acero de los cuchillos alineados sobre el mármol de la cocina del restaurante.

2

Rafflesia arnoldii

 

Galerías inundadas de ámbar tamizado desde las cristaleras. El diseño minimalista del edificio en forma de cubo de dos plantas encerraba aquellos días una pestilencia más que repugnante. Los ambientadores rosa chicle la ocultaban a los clientes pero la vaharada crecía. Tres noches rastreando el origen sin éxito en cuanto la megafonía anunciaba el cierre. Las corrientes de aire que llegaban desde el parking subterráneo trasladaban aquel olor nauseabundo de un lugar a otro y complicaban la guerra contra aquel éter inquietante que lo impregnaba todo. Si persistía, las puertas deberían clausurarse en plena campaña de rebajas para fumigar o desratizar o desinsectizar, aún sin saber a qué anteponer el prefijo. Olía a cadáver, a carne putrefacta.
      La clave se anunció desde el escaparate de la librería. La portada ilustrada de un catálogo informaba sobre la Rafflesia arnoldii, una flor originaria de Sumatra. En las páginas interiores había más datos sobre este monstruo vegetal engañoso y enorme cuyos pétalos crecen bajo la tierra, se larvan, antes de volverse visibles en el exterior. Tarda varios años en florecer. Esta era la primera vez. Hasta entonces, sólo era un parásito mudo del castaño de indias plantado en el patio central. Once kilos de hediondez que delataron a un prestigioso decorador de interiores con nulos conocimientos de botánica.

 

3El porqué de las mantis

 

El centro de interpretación de la mantis religiosa de Monfragüe concluye, tras casi un cuarto de siglo de investigación, que las hembras de la especie se deshacen de sus efímeros partenaires para evitar que se conviertan en exs o exes, en tanto que entes residuales y molestos para la biodiversidad.
      En los humanos, el prolífico aumento de los ex es  una nueva plaga, la mayor parte de las veces inmune a los tratamientos apresurados que se improvisan contra ellos. Antes morían de muerte más o menos natural, la viudedad se alcanzaba plácidamente, sin sobresaltos… pero actualmente producen hondas distorsiones sociales derivadas del goteo malayo de su nombre muy de cuando en cuando pero implacablemente salpicando el alrededor recién inaugurado, los encuentros aparentemente casuales, la llamada ansiosa a Sacamantecas Corporation –que se nutre principalmente de exs o exes que tratan de emular un canon ya inalcanzable por constantes inamovibles– y ridiculeces varias del mismo sesgo.
      Muy pocos de ellos tienen la virtud de la invisibilidad y muchos el defecto de la imbecilidad.
      Cuando alguien de quien cuelga el cadáver de su ex comienza una nueva relación, el ser del más allá temporal revive bajo el electroshock de la nueva presencia y toda su psique se dirige a averiguar los jalones vitales de la persona por la que ha sido sustituido en este proceso imparable e irremediable de selección y renovación.
      El ex inocula en la atmósfera de los nuevos amantes una sustancia tóxica que va calando a través de la epidermis hasta afectar a sus órganos y vísceras, y que transmite toda la información necesaria para que cada miembro de la nueva pareja se convierta en una réplica exacta del ex del otro. Para que la metamorfosis se produzca sólo es necesario que las  larvas que contiene el fluido pernicioso se cultiven en el tiempo.

 

Biografía:

Rosario RaroRosario Raro (Segorbe, 1977) estudió Filología en la Universidad de Valencia y cursos de doctorado en Comunicación Audiovisual en la Universitat Jaume I (UJI) de Castellón. También estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en la PUCP de Lima, donde vivió durante casi una década. Entre otros, ha ganado los premios literarios Ciudad de Huelva, el Cruzando Culturas de Mérida, el Premio Max Aub y el Magda Portal del Ministerio de la Mujer de Perú, así como el Premio Conacine del Ministerio de Cultura de Perú por el  cortometraje La cuerda floja. Desde 2004, dirige un taller de literatura en la UJI, actividad que simultanea con la investigación de su tesis sobre la blogosfera, y el trabajo en proyectos de expansión de las nuevas tecnologías dentro del programa Connectem y On Xarxa.