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índex català     marzo - abril  n° 47

Crónica de un magnate
El editor

 

A Charlotte

Debió imaginárselo cuando antes de atravesar la puerta del local escuchó al vigilante de la discoteca contigua decir por su celular lo siguiente: "Vengan, rápido carajo, que "Los Huachanos" han jurado venganza". (Citamos letra por letra su propia declaración en la comisaría de Miraflores). La frase, lógicamente, llamó su atención, pero debió ser el llamado de la carne, esa arrechura irreprimible, el pecado de la lujuria que siempre lo dominó, o quizá la soberbia del pituquito más bien, y por qué no todo junto, lo que lo llevó a no prestar atención a dos cholos misios parecidos a los que podaban el jardín de su mansión en Asia o sacaban a pasear a sus rod wailer, Bobby y Taki. Así fue como el protagonista de esta morbosa historia de sangre y sexo prosiguió nomás su camino, con esos aires de lord londinense con los que se paseaba por los lobbies de los mejores bancos del mundo, para tocar el timbre de la puerta del lenocinio clandestino conocido en Miraflores como "La maison de la madame Hortensia", cito en la calle 2 de mayo, número 43, a fecha de hoy clausurado por la DININCRI, en coordinación con la municipalidad de Miraflores para las investigaciones pertinentes.

Su secretaria, Lupita Alba Jara (43), recordaría la foto que le hiciera a su jefe nuestro intrépido reportero -¡te pasaste cholo!- Cenobio Huamán Ayala, con el traje italiano que no le dio tiempo ni de quitarse, y que ella misma, según afirmara en entrevista televisada, le recogió esa mañana de su sastre de San Isidro para que "le hiciera unos arreglitos". (Ni tu gimnasio Gold’s Gym de Chacarilla te bajó la guata, tramposo).

Nombrado empresario del año hace exactamente seis meses por la crema y nata de la ADEX (Asociación de exportadores) -valga la pena recordar que chulillos, ayayeros y felpudinis todos de usted, señor Arana-, por lo visto nuestro protagonista no supo tomar nota de la clase y distinción del príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, que junto a su guapa y elegante esposa, Leticia Ortiz, le otorgaron el citado premio.

Qué iba a tomar nota de tan distinguida pareja si ni siquiera supo hacerlo de su propia mujer, la elegante Leonor McDermott, a quién le puso los cuernazos en reiteradas ocasiones con semejantes choclonas baratas, movido quizá por el recelo del blanco pobretón que vino de abajo y que de pronto se convirtió en el nuevo rico del Perú, envidioso de una esposa nacida en Irlanda y criada en el seno de una respetable familia católica, educada en los mejores colegios privados de Estados Unidos, Nicaragua y Panamá, y cuyo padre, diplomático de alto vuelo, fuera amigo personal de sus admirados Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Te dolía en el hígado, ¿no, doc? Es que para esos alardes hay que nacer, pues. Por ventura el finado embajador de Irlanda en el Perú en los años ochenta no vio la ignominia con la que mancilló a su hija este tremendo jugador de toda la cancha, que se ponía la número diez en los burdeles menos reputados de la capital.

Ni qué decir de su hija Priscilla (19), que desapareció apenas su señora madre la puso al tanto de los acontecimientos de los que, por cierto, no se enteró por el canal de cable de su marido, que haciendo gala de periodismo objetivo, jamás difundió la noticia, sino por la competencia, que también dicho sea de paso, se entregó cual ave carroñera a detallar tamañas tropelías. ¡Cómo se habría retorcido de envidia la señora Magali Medina, reina del ampay televisivo en Chollywood y alrededores, cuyo equipo de producción jamás se dedicó a indagar las correrías de tremendo joyón, el jefazo de la competencia! (¡Chúpate esa, chola!)

Dicen que apenas se recuperó de la lipotimia, la señora Leonor de Arana pidió que la comunicaran con su hija en Boston, pero resultó que el celular de la guapa modelo Priscila había caído al lago donde pescaba esa tarde –¡qué piña!- y que para remate, el servicio telefónico de la residencia de Harvard había sido bloqueado desde la computadora portátil de un tremendo hacker residente y estudiante de Sistemas de dicha universidad, de nombre Timothy Fletcher, el cual fue puesto bajo custodia policial esa misma noche. (Fuentes fidedignas aseguran que nunca se había visto tanto Robocop en tan reputada alma mater).

No sabemos cómo al final la señora Leonor pudo comunicarse con la señorita Priscila, lo que sí sabemos es que después de poner el grito en el cielo de "¡tierra trágame!", la tierra en efecto se la tragó, porque ni nuestro avezado fotógrafo, el popular Sebas Basombrío, más conocido como el zambo Buen Humor, ni los fotógrafos de la competencia destacados a Gringolandia, han logrado, a fecha de hoy, dar con el paradero de la popular modelo, a quien desde esta tribuna aprovechamos para rogar encarecidamente que vuelva a nuestro país. (Te trataremos como te mereces, lomito fino, no como tu señor progenitor, que ha tirado tu carrera por la borda. Fuentes cercanas a la modelo sostuvieron días atrás que Priscillita había sostenido conversaciones con la firma Loewe. La firma por supuesto lo desmiente).

"Mucho viaje a Nueva York, mucho Londres, mucho París, y al don las que le gustaban eran las cholas", nos comentó Florentino Teobaldo Gamarra Farfán (29), su ex chofer, "yo mismo lo llevaba a esas casas de citas, el señor me decía que iba a hacer ‘unos trámites’ y yo lo esperaba en el carro nomás, pero yo no me chupo el dedo pe, para cojudos los bomberos". Además de esto, asegura recordar que una cálida noche limense, entrando a su domicilio, su empleador le confesó, en semi estado de ebriedad, que le gustaría "arrimarle el piano" a su empleada doméstica, Victoria Alcántara Rondón (aprox. 17), señorita ayacuchana cuyo paradero nuestros reporteros buscan sin descanso. Lo que está claro es que Gamarra estaba al tanto de las escapadas por las bandas de su capitán. Lo que sí ignoraba -nosotros nos enteramos después de entrevistarlo- era que su ‘jefecito’ se presentaba ante esas mujeres de vida alegre utilizando su nombre. (¡Uuuuy, no me dejo!).

Otro sabedor de esta debilidad por el lomo serrano de nuestro atildado empresario es Jonathan Toribio Huamán Lescano (43), ex jardinero de su residencia en Chacarilla, "yo lo vi una vez al don sireándola a la cocinera del vecino que justo venía de comprar unos tamales en Wong, la chola sabida le hizo unos quecos y se guardó". Su ex guachimán, Lalo Cabrejos Zapata (22) pondría el punto sobre las íes: "Quién lo iba a decir, ¿no?, que por un polvo fallido nos íbamos a quedar todos sin chamba". Los testimonios pues, queridos lectores, son aplastantes.

Según testigos, la doña, Rosa Jiménez de Zuñiga (54), alias "Hortensia", le prendió el DVD pantalla gigante para que el señor Arana vaya calentando motores con imágenes que aquí no vamos a detallar, mientras Carla Andrade Villanueva (25), cuyo parecido con la boricua Jennifer López le mereció en el oficio más antiguo del mundo el apodo de Jenny, se alistaba para dar inicio al "todo completo" que había pedido el don. (Sabemos por buenas fuentes, estimados lectores, que la Andrade se halla en conversaciones con un canal de televisión para lanzar su carrera en la pantalla chica con un programa nocturno para mayores. (¡La hiciste, chola!)

Dicen que con el primer estruendo el don ni se inmutó, según Carla Andrade –Jenny-, que acababa de hacer su ingreso en la habitación, Arana miró al techo y preguntó si no se había caído nada en la azotea. Apagó el DVD y se presentó como Florentino Gamarra, "¿y tú?, ¿cómo te llamas, mamita?" Antes de que la "Jenny" atinara responder, se oyó el segundo estruendo, esta vez, nuestro reputado hombre de negocios lo reconoció. Sus guardaespaldas personales, Lucio Contreras Alarcón (27), Roberto Arias Maldonado (31) y Juan Carlos Cánepa Ucía, "el gringo" (38) utilizaban unas Smith & Wesson que sonaban igual. (Él estuvo a punto de comprarse una igualita, pero prefirió un modelo más chic, la SW 1911 de 40 onzas, pistola con la que solía disparar en entrenamientos privados con sus amigotes jefazos del ejército (Y con esto no me estoy metiendo con nuestras gloriosas FF. AA., por si acaso jefes, suaaaaaaveee!).

En ese momento parece ser que el empresario por fin recordó las palabras del guachimán de la discoteca contigua Flying High. Los disparos se sucedieron cual coboyada del finado Jhon Wayne entre los vigilantes de la citada discoteca, Demetrio Salas Benavides (29) "el tuerto", Elmer Romero Landa (29) "Puchungo", y sus amigos llamados a su rescate, Jorge Artieda Guzman (31) "Coco Loco" y Nemesio Huarcaya Roldán (30), "Condorito", estos cuatro contra los miembros de la banda de los Huachanos (buscados por la policía desde que en el verano de 2004, asaltaran tola en mano casinos y casas de cambio en la capital): Jhonny Eusebio Miranda Quispe (30) "Tío Jhonny", William Rojas Cornejo (28) "Loco Willy", Ismael Roberto Porfirio Mendoza (37) "Pejerrey" y su hermano y jefe de la banda, Lucio José Porfirio Mendoza (40) "Tramboyo". Fueron estos dos últimos quienes ante el poderío armamentístico de los guachimanes de Flying High se batieron en retirada e irrumpieron en el inmueble regentado por doña Hortensia, tomando de rehenes a las cuatro jovencitas meretrices que en ese momento se encontraban en la recepción del local viendo la telenovela "Tormenta de pasiones": Zoila Carmela López Martínez (22) "Miriam", Cecilia Marcela Taboada Lescano (21) "Kylie", Gertrudis Gómez Zapata (19) "Nancy", y María Castro Fernández (21) "Bárbara". Los compinches de Tramboyo y Pejerrey, Jhonny Eusebio Miranda Quispe, "Tío Jhonny" y William Rojas Cornejo, "Loco Willy" yacían en el asfalto gravemente heridos, el primero con un tiro de bala de entrada y salida en el abdomen y el segundo con un orificio de bala sin salida en el muslo izquierdo.

Alarmado el don, desde el segundo piso del inmueble, se dirigió hacia la ventana de la habitación en busca de escapatoria. En esos momentos, su otro chofer, Víctor Salcedo Chumpitaz (34) que lo había conducido a esa pecaminosa morada, se encontraba agachado en su vehículo Mercedes Benz C 320 CDI, en la esquina de las calles General Miguel Iglesias y 2 de Mayo, escuchando los zumbidos de las balas pasar sobre su cabeza, preguntándose si su jefe había sido capturado por los malhechores, a quienes pudo divisar irrumpiendo en la vivienda donde este hiciera su ingreso escasos minutos antes.

Arana, al ver que la ventana daba a un patio interior demasiado alto como para saltar, desistió de tan descabellada idea y prefirió secundar a su acompañante que sin titubear se había refugiado debajo de la cama. Fue entonces que los guardaespaldas, Lucio Contreras Alarcón, Roberto Arias Maldonado y Juan Carlos Cánepa Ucía, a quienes el don había dado descanso, fueron solicitados con una llamada telefónica que este hiciera desde su celular: "Carajo, rápido, vengan a recogerme, estoy en el numero 43 de 2 de mayo en Miraflores, hay una balacera, rescátenme antes de que venga la policía". Dicho y hecho sus forajidos, que en esos momentos se encontraban tirando pollo a la brasa en el local "Jhonys Grill, Pollos y parrilladas", cito en el cruce de Ocharán con Diego Ferré de Miraflores, enfundaron sus armas y pusieron primera en la Cherokee rumbo al destino mencionado. Pero cuando llegaron, la policía ya había hecho su aparición y la balacera se había recrudecido con tres frentes, el de los vigilantes de la discoteca Flying High, agazapados tras unos vehículos, el de los dos miembros restantes de la banda de Los Huachanos, gravemente heridos, también agazapados tras unos vehículos, y el de los efectivos de la guardia civil, José Arturo Loayza Pacheco (28), Richard Fernando Estévez López (26), Romualdo Quijandría Rivas (30) y el capitán Percy Fajardo Nuñez (33), héroe de esta historia.

Fue por esa razón que prefirieron no intervenir, por miedo a ser tomados como otros rufianes y verse envueltos en un fuego cruzado que ni en Rambo III, así fue como los guardaespaldas se cuadraron a una distancia prudencial del lugar de los hechos y se agacharon en el carro pese a que este era blindado, e esperar que todo terminara. No pasaron ni diez minutos cuando Jhonny Eusebio Miranda Quispe, "Tío Jhonny" y William Rojas Cornejo, "Loco Willy", se rindieron, rendición que se vio secundada por la de los vigilantes de la discoteca, uno de los cuales, Elmer Romero Landa, "Puchungo", fue herido por un disparo de los efectivos policiales que se fue a alojar en su clavícula izquierda.

Cuando cesaron los tiros, nuestro jugador volvió a telefonear a sus matones, sin embargo estos, por temor a que les cayera su carajeada, acordaron no contestar la llamada y esperar a que la policía terminara por restablecer el orden. Los dos secuaces gravemente heridos cantaron de inmediato el paradero de los hermanos compinches, Pejerrey y Tramboyo, y el capitán del escuadrón policial no tardó en hacerse con el megáfono: "¡Están rodeados, salgan con las manos en alto!". Según Carla Andrade –Jenny-, nuestro empresario del año escuchó este grito desde debajo de la cama con notorio temor: "La policía, carajo, ya nos jodimos". Tramboyo y Pejerrey mandaron a una de las meretrices, Cecilia Marcela Taboada Lescano, a aperturar la puerta y repetir lo que el líder de los Huachanos, Tramboyo, le dictaba: "¡Nos han tomado de rehenes, quieren una camioneta Station Wagon para salir sanos y salvo!". Pero el capitán del escuadrón policial no se amedrentó y juró por su santa madre que ese par de rufianes no se saldrían con la suya. Así que sin mediar más palabra y más macho que Clint Eastwood en Harry el Sucio, arrojó el megáfono dentro de la patrulla y ordenó a sus subalternos: "¡Cúbranme, carajo!". Y así, sin más, se dirigió corriendo hasta la puerta del establecimiento y con una patada que ni Bruce Lee en Cinco Dedos de Furia la aventó y le encajó un tiro entre ceja y ceja a cada uno de los malhechores finiquitando sus fechorías de por vida. Enseguida llegaron más refuerzos policiales que entraron precipitadamente en el inmueble donde encontraron al señor Arana, bien peinado, saliendo de la habitación con su guapa acompañante, esa chola recia que ya quisiéramos todos de calentado. "Lo felicito, señor capitán", dicen que le dijo el señor Arana a nuestro héroe de carne y hueso Percy Fajardo Nuñez -¡qué Chuarseneguer ni que ocho cuartos!- "es un placer conocerlo, seguramente usted no sabe quién soy, pero entienda que es hora de marcharme". En ese momento aseguran que el capitán miró a sus subalternos y todos se empezaron a reír a carcajadas. "Lo que usted no sabe y debería saber, señor, es que yo soy el capitán Percy Fajardo Nuñez, el único capitán honorable en toda Lima cuadrada ciudad jardín, hágame el favor de sentarse y esperar a que le tomemos declaración como testigo, cumplamos con la ley y el orden como dios manda". Diversas fuentes han corroborado que en ese momento Arana se presentó formalmente y ofreció al capitán una importante suma de dinero que "ni con diez vidas de trabajo, incluyendo festivos, podría usted percibir". No son pocas las fuentes que afirman la versión de que nuestro Cholo Rambo se la empezó a pensar, alisándose la barbilla, como quien saca cuentas, no obstante otros señalan –y nosotros ponemos la mano al fuego a que es verdad- que el ofrecimiento del soborno lo indignó, y que fue esa la razón que produjo el enfrentamiento verbal y el lío carnavalesco que se apoderó del local de madame Hortensia, que, desde que viera entrar a su negocio a los rufianes, permanecía desmayada en la cocina (dicen que estaba preparando un suspiro a la limeña para sus chicas). Justo en ese instante apareció la prensa local y entre ellos nuestro reportero estrella, el fotógrafo ancashino, Cenobio Huamán Ayala, ¡buena cholo!, que lo sacó a Arana en pleno close up siendo reducido por los efectivos policiales (así que ya te ibas a trompear, achoradito eras…suaaaaveee!!!!!!!!)

Dicen que el tremendo player ha jurado venganza contra los medios de comunicación, que al parecer nos hemos "compinchado" para hundirlo, dicen que a la cabeza de tamaño complot mediático está este humilde tabloide, que cumpliendo con su deber de informar a la ciudadanía (no como tu periódico ni como tu canal, choclonero) no ha dejado se llenar sus páginas con exclusivas que siguen esclareciendo este sangriento y repudiable caso policial. Dicen también que el renombrado ¡EX! empresario del año (¡para que te duela, mañoso!, porque la ADEX dice que si hay que quitarte el premio, te lo quitan nomás) ha jurado vengarse de este humilde servidor, que no ha hecho otra cosa que cumplir con sus funciones periodísticas para que de una vez por todas en este país la prensa diga la verdad sin temor a las represalias de los poderosos y los traferos. Lamentamos que nuestro flamante magnate, él solito, haya tirado su carrera y su familia por la borda -¿qué culpa tenemos nosotros pues, papito?-. Sabemos que su mujer a día de hoy se halla domiciliada en París y que su hija continúa en paradero desconocido, al igual que usted, señor Arana, mientras en sus casas desperdigadas por todo el país campea el desconcierto entre los numerosos empleados que hacían de usted un auténtico pachá. ¿Qué va a ser de ellos, señor –y creáme que me cuesta llamarlo señor-? ¿Cuándo va aparecer usted para pagarles los sueldos del mes que acaba de terminar? A ellos que representan a nuestra cholada trabajadora que chambea duro por el futuro de nuestro país nos debemos, señor, sépalo bien, y no a complots contra nadie, mucho menos contra mañosos de mala calaña.

¡Viva la libertad de prensa! ¡Viva el Perú carajo!

El editor

EEU © 2005


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